martes, 26 de marzo de 2013

EL JUGUETE VIEJO

Todos tenemos un juguete viejo que fue nuestro favorito... Nos hizo reír, nos hizo soñar, nos acompaño en varios momentos de nuestra vida, gozó (y también sufrió) durante mucho tiempo con nosotros.

Pero como el tiempo pasa, más temprano o más tarde aparece otro juguete: más grande, más moderno, más funcional, más colorido... Y nuestro juguete anterior se queda en el baúl de los recuerdos; porque ya no nos interesa, porque no está de moda, porque ya estamos "muy grandes"para jugar con el, porque se dañó, en síntesis, por que ya no nos gusta.

Pero un día, por alguna extraña razón cosmologica llega alguien y se topa con tu juguete viejo y, viéndolo bien, no le parece ni tan feo ni tan raro, es más, le parece bonito, divertido y perfecto para él... Y allí es donde el gen egoísta que hay en nosotros sale a relucir y saca todos los recuerdos vividos, los instantes pasados, los momentos perdidos... Y ya no te parece que tu juguete sea tan feo o anticuado y quieres volver a jugar con el, no quieres compartirlo con nadie, y retomas el tiempo pasado y vuelven tus juegos y sus alegrías.

Pero has cambiado, y lo que antes te divertía, ahora no lo hace, los juegos que jugabas ya no te gustan y vuelves a dejar tu juguete a un lado de nuevo porque otras cosas te atraen más, pero no dejas que nadie juegue con tu juguete viejo, que alguien más disfrute de sus juegos, de su alegría y de su cariño. ¡Por que! Si es tu juguete, nadie más tendría por que hacerlo...

En toy story 3, Andy entregó a la niña todos sus juguetes, pero cuando era el turno del vaquero, su corazón, sus recuerdos de lo vivido juntos, de sus aventuras, hicieron que pensará más de dos veces el hecho de dejarlo, al fin y al cabo, él habia sido su compañero inseparable, quien estuvo con él en los buenos y en los malos momentos... Pero por mucho que él lo quiera, las cosas han cambiado y Andy sabía que lo que le ofrecía Woody, por mucho que se esforzara, ya no produciría en él la misma alegría y la misma sensación de felicidad, así que Andy dejó que el vaquero alegrara a otro tanto como lo hizo con él, porque aunque Woody siempre tendría en su bota grabado su nombre, ya no le pertenecía.

Lo mismo pasa con algunas relaciones, algunos las tratan como al juguete viejo, pero, si algo nos enseño toy story, es que los juguetes también sienten...

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