lunes, 21 de enero de 2013

RAZÓN Y EMOCIÓN

Llega un momento de la vida en el que te pones a pensar en lo que has hecho: tus logros, tus fracasos, tus alegrías, tus tristezas... y lastimosamente, es inevitable hacer comparaciones. Yo se que las comparaciones son odiosas, pero lastimosamente llegan a tu cabeza.

Y comienza la cantaleta del "que hubiera pasado si.." o el "que pasaría si...", esas son, para mi, las peores frases del mundo, las mas aniquiladoras y anuladoras de una persona, porque la trasportan a un lugar imaginario, a un lugar irreal, donde no eres, donde no estas. Y empiezas a ver que los demás tienen lo que tu siempre has querido, que otros obtienen las cosas por las que has luchado, y que muchos (o los mismos), se llevan los méritos que tú deberías haber cosechado.

Y mucho más triste es que por alguna extraña razón cosmológica, el destino, cual proxeneta experimentado, te haga creer que en algún momento esos imaginarios pueden llegar a realizarse, porque la mente humana es tan débil y está tan ávida de realizar sus sueños que muy probablemente sucumba a esa ilusión... aunque racionalmente sepa que eso no es posible, aunque sepa que seguir ese camino te lleve a navegar por dolores y sufrimientos profundos. Razón y emoción se pelean y cuando uno de los dos gana, el campo de batalla está lleno de cicatrices, muchas de las cuales ni el tiempo puede borrar, y son esas cicatrices las que vuelven a iniciar este ciclo, por demás agónico y destructivo de la vida.

Alguien dijo alguna vez: "estoy condenado a ser ladrón de la vida, porque cuando llegué a este mundo, todo lo que quería ya tenía dueño", algunas veces me siento así, y en esos momentos, no se si me domina la razón o la emoción.

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