Mi dolor es intenso como el sol de medio día, que nace como un rayo tímido cuando amanece y crece a lo largo del día, y cuando llega la tarde, se asienta y abraza todo lo que encuentra a su paso: las personas, las cosas, los lugares, los momentos...
Si, hasta el tiempo que pasa en su camino constante siguiendo el curso marcado por el espiral de la vida, hasta ese tiempo es abrazado por mi dolor.
Cuando llega la noche, mi dolor migra hacia el lado oscuro, al lado oculto donde intenta olvidarse para volver a nacer, al día siguiente, como el mismo rayo (tímido al principio, intenso al medio día) que lo abraza todo y no me deja ser
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